Alientos
En octubre de 2020, en medio de la pandemia, cada mañana preparaba una taza de café turco. Después, sobre una tela, sellaba el rastro que dejaba el contorno de la taza. Se dice que en el café turco queda impregnado el aliento, y que a partir de él es posible leer el presente y el futuro.
Mientras tanto, cada noche llegaban los conteos de personas fallecidas e infectadas por COVID-19. Repetí este gesto como una forma de afirmar la vida frente a la pérdida, de dejar constancia de estar aquí. Con el tiempo, la acumulación de marcas se transformó en una cobija: un cuerpo textil pensado para abrazar, para hospedar a quien necesitara refugio ante el peso constante de la tragedia. Un cobijo hecho de alientos.
La obra fue concluida en abril de 2021, quince días después de haber recibido la segunda dosis de la vacuna.